Avanzar hacia dónde pones la atención

La empresa no está llamada a ser la mejor del mundo, sino mejor para el mundo. Porque todo sistema avanza hacia aquello en lo que pone su atención, y elegir la abundancia abre el camino hacia la prosperidad compartida. Soy empresario por vocación y creo profundamente que la empresa no está llamada a ser la mejor del mundo, sino mejor para el mundo. Esa convicción me acompaña cada día: estoy convencido de que las organizaciones tienen la capacidad –y la responsabilidad– de generar prosperidad compartida, cuidando a las personas, fidelizando a los clientes y contribuyendo al bienestar de la sociedad y del entorno. La rentabilidad sostenible no es un fin en sí mismo, sino la consecuencia natural de hacerlo bien.

Esta visión tiene un fundamento sólido. Desde la psicología sabemos que la atención dirige la energía: aquello en lo que ponemos el foco tiende a crecer. Si una organización centra sus conversaciones en problemas y déficits, acaba reforzándolos. Si, en cambio, investiga logros, fortalezas y experiencias positivas, éstas se multiplican y orientan el rumbo colectivo. Robert Merton lo llamó «profecía autocumplida»; B. F. Skinner lo demostró con la teoría del refuerzo; y David Cooperrider lo convirtió en metodología práctica con la Indagación Apreciativa: «las preguntas que hacemos determinan el rumbo que tomamos». También la sociología lo confirma. La realidad se construye con las conversaciones que tenemos. Si hablamos de lo que nos falta, alimentamos un relato de escasez. Si hablamos de lo que compartimos y valoramos, tejemos confianza y avanzamos hacia metas comunes. No es casual que las sociedades y organizaciones más prósperas sean aquellas que construyen su agenda sobre lo que une, no sobre lo que divide.

En ARTIEM, nuestra empresa familiar con cincuenta años de historia, vivimos esta filosofía como un motor de futuro. No porque ignoremos los problemas, sino porque creemos que afrontarlos desde la abundancia y el bien común es la manera más eficaz de superarlos. Por eso trabajamos en seis prioridades que actúan como faros: crear empleo de calidad en una industria marcada por la estacionalidad, promover la equidad y la inclusión, impulsar una alimentación saludable que cuide a las personas y al planeta, reducir nuestra huella de CO₂, gestionar responsablemente el agua y avanzar hacia una economía circular. Estas prioridades no son proyectos aislados: son nuestra manera de caminar hacia una «imagen atractiva de futuro», donde inspirar a las personas a ser felices es nuestro verdadero propósito. Cuando uno piensa en términos de abundancia, el horizonte se expande. Lo que antes parecía un límite se convierte en una oportunidad para crecer, innovar y perdurar.

Vivimos en una sociedad donde predominan las conversaciones sobre la escasez: lo que falta, lo que divide, lo que no funciona. Pero estoy convencido de que solo las organizaciones que sepan cambiar esa mirada, que se atrevan a investigar y multiplicar lo positivo, estarán en condiciones de generar ventajas competitivas sostenibles y un legado que trascienda. Un sistema se mueve en el sentido en que investiga. Yo elijo que mi empresa se mueva hacia la prosperidad compartida, hacia un futuro en el que todos podamos ser un poco más felices.

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