El problema

En España, si alguien lanzara una patata al aire, se encontraría con un 45% de probabilidad de que caiga en la cabeza de un idiota y un 45% de probabilidad de que acabe impactando en un aprovechado. Tal es la magnitud del problema.

A raíz de los últimos descubrimientos en lo que a corrupción «modo Torrente» se refiere, se vienen destapando como efecto colateral infinidad de detalles que nos obligan a pensar que estamos infectados por una legión de enchufados provistos de acreditación falsa (además de rodeados de empresas que compran las voluntades tanto de gobernantes como de periodistas, de humoristas y de mediopensionistas).

A cada paso que da la UCO desentrañando entramados putrefactos, se iluminan cutres chiringuitos creados para dar cobijo a familiares y amigos de quienes tienen la potestad de crear estas estructuras que proporcionan unos ingresos jugosos a miles de aprovechados.

Se sospecha que grabaciones en prostíbulos tienen cogidos por el escroto a más de uno. Se sospecha que esa circunstancia explica el silencio de unos y el extraño comportamiento de vasallaje de otros.

La situación resultante de tal estado de cosas es que cada currante debe dar de comer, de beber, de veranear y pagar los vicios a cientos de miles de aprovechados que no han hecho nada concreto en toda su vida que se pueda interpretar como un aporte efectivo al bien común o a la mejora de la sociedad en la que habitan. Miles de ellos comenzaron su carrera de «orador» a temprana edad en las juventudes de algún partido y continuaron por el camino de sumisión necesario (y suficiente) para trepar en el organigrama, sin haber quedado documentado ningún aporte por su parte al todo.

Yo, que como usted, amable lector, llevo aportando muchas trimestrales a la fiesta, me voy a permitir destilar un poco de demagogia (no exenta sin embargo de un núcleo verdadero) a fondo perdido. Propongo:

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1.- Que se desmantele ese pozo sin fondo que se llama RTVE    y que los mil y pico millones que se dilapidan en tal instrumento de propaganda se usen para adquirir medios de lucha contra el fuego. Para reemplazar su función servil se puede usar una IA que repita las consignas creadas en la factoría gubernamental, intercalando tal producto con la emisión de aquel Netflix que retrata a Sánchez como si fuera un estadista.

2.- Que se exija al millar de asesores con que cuenta Moncloa a que dediquen una semana al año a desbrozar montes. Con ello matamos dos pájaros de un tiro: disminuir el riesgo de incendio en la zona donde actuarán estos «expertos», y justificar minimante los cien mil pavos que se lleva cada uno de ellos por «asesorar» a la pandilla de ignorantes que dicen trabajar para el buen hacer de los tan numerosos como inanes ministerios.

3.- Que se produzca un control y seguimiento de las centenares de subvenciones inexplicables que se entregan a gentes sospechosas, extraños países, irrefutables chorradas, y se dedique esa pasta a disminuir las listas de espera en hospitales.

4.- Que el presidente del Gobierno se pague de su bolsillo sus vacaciones, como hacemos el resto de mortales; que su «santa» vaya en transporte regular a sus movidas empresariales en vez de parasitar el avión previsto para otros usos. La pasta que ahorraría al erario público se podría destinar a becas para quien las merezca.

5.- Que en vez de crujir a impuestos al abuelo que vive en el pueblo y cuida un bosque para vender la madera (acaba desistiendo de tanto esfuerzo personal sin apenas recompensa), se ayude bajando los impuestos (incluso llegando a la exención) a quienes se instalen en pueblos de muy pocos habitantes. Quizás con ello revivirían algunos enclaves en peligro de extinción.

6.- Y último, para no aburrir (aunque sobran ideas): Reducir de modo drástico el número de políticos. Conozco personalmente a varios políticos honestos, buenas personas, preparados moral e intelectualmente, pero creo sinceramente que esta categoría es de minúsculas proporciones. El grueso del gremio está compuesto por personajes que ha dedicado su esfuerzo a aplaudir al jefe, tragar sapos, y obviar su dignidad.

Quizás sobren.

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