Mientras decenas de miles de hectáreas de nuestro país arden aún en incendios descontrolados asistimos a la enésima trifulca entre nuestros próceres en la que, sin haberse aún apagado los rescoldos de los innumerables fuegos, ya están lanzándose unos a otros los trastos a la cabeza. La política entendida, como escenario de confrontación y polarización, más que de gestión o herramienta de servicio público, de servicio al ciudadano. Y mientras, nosotros, sus votantes, asistimos sin saber qué es lo que realmente ha sucedido, qué podemos hacer para evitar males mayores y, sobre todo, qué medidas se van a adoptar para reparar aquello que sí pueda tener arreglo, sabiendo que hay pérdidas (hay vidas perdidas) cuyas heridas y dolor en modo alguno podrán ser restañados. La política se ha convertido en un hexágono de UFC en el que el único que tiene todas las papeletas para salir vapuleado es el contribuyente…
Y algunos quizás dirán que qué tiene que ver esto con lo que se supone que debe ser un artículo sobre temas relativos al turismo. Pues todo. Presenciamos una vez más la desconexión y olvido de nuestros gobernantes sobre las inquietudes y necesidades reales de una ciudadanía que ya no alberga muchas dudas de que, o bien no hay nadie al timón, o este está descoyuntado y andamos a la deriva.
Creo que todos estaremos de acuerdo en que la educación, la sanidad, la promoción de la industria y la ciencia, el turismo, el deporte, la cultura… son motores que merecen políticas estables y visión a largo plazo, no solo parches, promesas de campaña o anuncios vía X que quedan como destellos, fogonazos a los que luego no se les da continuidad.
Pero existen afortunadamente en este país una fuerza de trabajo y una clase empresarial que con una voluntad nunca bien valorada y una resignación que haría palidecer al santo Job, y que siguen empeñadas en crear puestos de trabajo, generar riqueza y mantener la sostenibilidad de su actividad y, por derivación, de nuestra economía. Así, si durante el 2024 el sector turístico generó más de 72.000 nuevos empleos, este mes de julio ha crecido un 2,9%, alcanzando los 3 millones de trabajadores. En ese mismo mes se han superado los máximos históricos de ocupación y tarifas en los establecimientos turísticos. Es cierto, suben ocupaciones y tarifas y ello gracias al tirón del turismo internacional y al flujo estable de reservas nacionales.
A veces se nos olvida, pero el turismo aportó 207.763 millones de euros a la economía española en el año 2024, lo que representó un 13,1% del PIB nacional, el máximo histórico registrado hasta la fecha, suponiendo el 26,1% del crecimiento real de la economía española ese año. Si, conforme a un estudio recientemente publicado por la Cámara de España, el multiplicador asociado al valor de la producción del turismo sigue en 2,14, esto implicaría que, por cada 100 euros de producción directa generada por el sector, se generaron 114 euros adicionales en el resto de las ramas productivas de nuestra economía. Este incremento adicional provendría de los efectos indirectos y de los inducidos.
Pues bueno, a pesar de todo lo que esto supone y lejos de estar mínimamente contentos, los hay que siguen sin entender las medidas de contención aprobadas contra la oferta turística irregular y el impacto que de todo ello derivará contra la masificación de los destinos, la oferta sobre la vivienda a los residentes o el coste de vida en los destinos y centran los debates en… ¡lo caras que están las hamacas en la playa! ¡País de cenizos!